Antenas
Hoy recordé algo de mi infancia que creía haber olvidado: la obsesión por las antenas.
Recuerdo que de niño (10 años aprox) y de vacaciones aquí en Mendoza, subía a la misteriosa terraza de la casa de mi abuela y con el viejo radiograbador, en la frecuencia SW lograba sintonizar radios de Francia, China, Centroamérica y cualquier otra onda corta perdida que anduviese por ahí.
Colgarme a sintonizar esas radios, entre esos extraños sonidos y la ansiedad de saber hasta dónde llegaba junto con la incalculable magnitud de saber que eso que escuchaba venia de miles de kilómetros hicieron que no parara de ver todo tipo de antenas, con una concreta ilusión de poder captar mas radios.
Claro que al llegar la noche, y al ver estrellas relucientes se me venian a la mente la posibilidad de capturar algo mas increíble (otra especie de obsesión de aquella época: ovnis).
Refinando mi interés por ese tipo de practica pero un tanto limitado por la edad, es que entre juego y conocimiento fui acercándome a la electrónica, y con mi inocente ignorancia trataba de empaparle fantasía a esas antenas de diseño propio.
El acercamiento a la electrónica tuvo su pico en mi adolescencia, en donde construía sobre circuitos impresos prediseñados.
Pero volviendo a aquella obsesión por las antenas, es que supe de la actividad de los radioaficionados. Extraño mundo aquel, extinto hoy por el advenimiento de la vertiginosa comunicación del ahora, y desplazado totalmente de cualquier intento de sorpresa.
Recuerdo con nostalgia aquellos ocasos de radios y miradas al cielo.
Hoy, pensando en ese ayer, comprendo algunas cosas de mi, y de cómo todo parece influir en todo, en por que me miraban así esos otros niños y en lo valioso del juego sano.



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